August 29
ALGO HERMOSO QUE CONSEGUÌ, PARA....
Q U I E R O
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Quiero abrazarte con los ojos, quiero besarte en la distancia, quiero amarte en el silencio de mi triste y solitaria estancia.
Quiero que sepas mi vida que a pesar de estar lejos, mi corazón te acompaña yo te llevo en el alma.
Vives en mi impregnado cual latido del corazón, donde libo el dulce néctar que atesoro en el panal de este casto y puro amor
Pueden pasar muchos años mil tormentas arrecien lo nuestro pero nada logrará sacarte de mis adentros.
Es que eres tan mío, mío como la piel de la carne, como la noche del día, como el aire que respiro; como la sonrisa de mis labios la que esbozo con tu recuerdo.
Oh… cuanto te he extrañado tanto que mi pluma se había secado por la ausencia de mi bien amado.
Sin motivos para escribir un verso la musa se alejó, se fue muy lejos. Hoy la remojo en el rocío de las hojas dejando que fluya la más preciada y hermosa inspiración de amor.
Autor y voz RAMITA
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August 23
LA POESÍA
La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.
Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.

CANCIÓN
Cada cuerpo con su deseo
y el mar al frente.
Cada lecho con su naufragio
y los barcos al horizonte.
Estoy cantando la vieja canción
que no tiene palabras.
Cada cuerpo junto a otro cuerpo,
cada espejo temblando en la sombra
y las nubes errantes.
Estoy tocando la antigua guitarra
con que los amantes se duermen.
Cada ventana en sus helechos,
cada cuerpo desnudo en su noche
y el mar al fondo, inalcanzable.


AMANTES
Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.
Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.
Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.